Ya le habían dicho antes que su barrio recordaba en cierto modo a la NADA de ‘La historia interminable’.
Esa noche esa afirmación cobraba más sentido que nunca.
En contraste con las luces de navidad y villancicos que llegaban desde el ayuntamiento, el barrio aparecía oscuro. Desde lejos parecía exactamente eso, NADA, un maldito agujero en medio de la ciudad.
No era la ausencia de luces navideñas, por la falta de comerciantes nunca habían existido. Y hasta era posible que sus convecinos de dedicaran a robar las bombillas en el caso de existir.
Ahora además no funcionan ni las farolas. Curiosamente solo afecta al barrio, las zonas comerciales (irónicamente cerca) no lo sufren.
Así que entre la oscuridad va pasando los locales.
El locutorio. Siempre con una docena de sus clientes en la puerta. Parece que solo se mueven de allí para visitar (con cierta frecuencia) la comisaría.
Pero eso no importa, al fin y al cabo muchos de los nativos están en la misma situación, es el idioma. El francés siempre le ha parecido sibilino. Se desliza entre los labios de sus hablantes, ocultando su significado.
El centro de rehabilitación para drogadictos. Que duró realmente poco abierto, antes de hundirse y ser abandonado.
El resto es casi todo tabernas.
Llega a su portal. Poco más allá comienza la zona de prostitución. Locales siempre en constante pugna por mostrar la cara más cutre y sórdida del negocio.
3 edificios cercanos se han venido literalmente abajo, otros parecen que podrían seguir su mismo camino próximamente. Pero el suyo se encuentra aún en pie, y al contrario que otros en buenas condiciones.
Sortea en el portal los restos del caos reciente. Desde hace algún tiempo alguien se cuela por las noches para causar destrozos.
Por fin esta en casa. Paredes y un techo que le aíslan, como un mundo dentro de ese submundo decadente. Donde soñar que no es uno más.
Una vez piensa:
Debo salir de aquí sea como sea
