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La Coctelera

Categoría: Escrito

8 Diciembre 2006

Ya le habían dicho antes que su barrio recordaba en cierto modo a la NADA de ‘La historia interminable’.
Esa noche esa afirmación cobraba más sentido que nunca.

En contraste con las luces de navidad y villancicos que llegaban desde el ayuntamiento, el barrio aparecía oscuro. Desde lejos parecía exactamente eso, NADA, un maldito agujero en medio de la ciudad.
No era la ausencia de luces navideñas, por la falta de comerciantes nunca habían existido. Y hasta era posible que sus convecinos de dedicaran a robar las bombillas en el caso de existir.
Ahora además no funcionan ni las farolas. Curiosamente solo afecta al barrio, las zonas comerciales (irónicamente cerca) no lo sufren.

Así que entre la oscuridad va pasando los locales.
El locutorio. Siempre con una docena de sus clientes en la puerta. Parece que solo se mueven de allí para visitar (con cierta frecuencia) la comisaría.
Pero eso no importa, al fin y al cabo muchos de los nativos están en la misma situación, es el idioma. El francés siempre le ha parecido sibilino. Se desliza entre los labios de sus hablantes, ocultando su significado.

El centro de rehabilitación para drogadictos. Que duró realmente poco abierto, antes de hundirse y ser abandonado.

El resto es casi todo tabernas.

Llega a su portal. Poco más allá comienza la zona de prostitución. Locales siempre en constante pugna por mostrar la cara más cutre y sórdida del negocio.

3 edificios cercanos se han venido literalmente abajo, otros parecen que podrían seguir su mismo camino próximamente. Pero el suyo se encuentra aún en pie, y al contrario que otros en buenas condiciones.

Sortea en el portal los restos del caos reciente. Desde hace algún tiempo alguien se cuela por las noches para causar destrozos.

Por fin esta en casa. Paredes y un techo que le aíslan, como un mundo dentro de ese submundo decadente. Donde soñar que no es uno más.
Una vez piensa:

Debo salir de aquí sea como sea

20 Noviembre 2006

Un lugar

20 nov 06 En: Escrito Personal

El hombre de negro huía a través del tiempo, buscaba refugio en un lugar aún por nacer, la vida prometida.
El pasado y el presente le perseguían. Como malos ganadores que eran habían decidido restregarle su victoria allí donde le encontraran.

Por eso intentaba evitarlos.
Se vestía de negro, para confundirse con la oscuridad. Y salía en las noches más frías.
Bajo esas condiciones era más difícil encontrarse con ellos, y huía hacía la costa. Casi inmutable al tiempo.
Y podía soñar encontrarse en otro momento, en ese mismo lugar. Con las luchas aún por llegar, o en un futuro lejano, cuando solo fueran el recuerdo de una remontada casi milagrosa.

Definitivamente ese era su sitio. A pesar de que solo la furia solía encaminarle hacía allí, cuando el odio le llenaba por completo, lo que solía pasar cada vez más a menudo.

Un lugar sincero, donde las emociones podían reflejarse en el rostro. Lejos de aquellos hipócritas de los que se veía rodeado día tras día.

Porque en el rebaño la simetría era la norma. Un conjunto uniforme de ovejas con la mirada vacía, trabajando para mantener en su trono a una elite igualmente vacía.
El paso de los siglos había domado a la humanidad. Tenían la misma libertad que una oveja de desplazarse de un extremo a otro del cercado.
A aquellos errores que se salían del patrón establecido se les permitía autoexcluirse del sistema. No convenía tener elementos descontentos que tampoco iban a cooperar en el sustento del sistema.

Y allí se encontraba él. Mientras en otro mundo escuchaban la música de una casi-modelo, una elite a la que no la faltaba nada ni nadie.
La canción hablaba sobre esos males que suceden en el rebaño.

Donde el personaje se quejaba de su miserable vida, en la que su garaje era más grande que el piso de cualquiera de las ovejas.

Pero para el rebaño, dormido, domado y sometido, era una válvula de escape. Si un superior estaba por debajo de un inferior… ¿Eso era bueno, no?

Ya se sabe:

La libertad es la esclavitud.
La ignorancia es la fuerza.
Compre dentífrico Denham

Y el mundo seguirá siendo feliz

El hombre de negro miro el mar.
Se quedo pensando una, puede que dos horas. Y al final llego a una conclusión.
¿Y si había caído en la misma trampa?
¿Y si maldecir la suerte adversa no era más que otra trampa para mantenerle sedado e inactivo?

Finalmente tuvo que abandonar el lugar. Presente y Pasado estuvieron encantados de devolverle a su celda.
Su huida no había aclarado sus ideas en absoluto.