Sigo aquí.

Últimamente no me encuentro muy predispuesto a postear, pero creo no tengo intención de abandonar esto.

Los últimos han sido días absurdos. He pasado demasiado tiempo con mis amigos de vacaciones o no disponibles. Al mismo tiempo que las vacaciones hacían estragos en el trabajo.
¿Conocéis el mayor hospital de Cantabria?
Pues solo deciros que durante la mayor parte de agosto he estado solo en una zona que suponía media planta.

Momentos perfectos para comerse la cabeza.
Momentos ideales para causarte más problemas con los que mantener ocupada la mente.

En general han sido semanas propicias para los momentos absurdos. Este es mi TOP 3 organizado cronológicamente:

1 DE AGOSTO

Estoy muy nervioso. Quedan apenas unos minutos para que comience el examen que decidirá si puedo conservar legalmente las armas de mi padre o no.
El examen teórico no seria un problema, pero el práctico... Había tocado una escopeta por primera vez solo dos días antes y nunca había llegado a disparar, ni siquiera habían disparado conmigo delante.

Tenía miedo de no estar a la altura, de no cumplir lo que les había prometido. Que las recuperaría.
Pero también temía acabar disparándome por error. O dándole al guardia civil. ¿Y si hacia algo mal y acababa estallándome en las manos?

En esos momentos tenia unas ganas horribles de llamarla y decirla que la quería.
No me había dado cuenta hasta ese momento. O no había querido.
Decidí que si todo salía bien me decidiría a invitarla a algo.

Llego el momento del examen práctico.
Nos iban llamando uno a uno. El primero de nosotros suspendió el examen sin ni siquiera haber disparado. Al parecer la había manipulado sin comprobar el seguro.

Mi turno.
Cargo un cartucho. El otro. Y maldita sea, la escopeta no cierra.
No se si tengo suerte, o simplemente habilidoso en lograr que la gente haga las cosas por mi sin percatarse, porque el guardia civil acaba montando el arma al insinuarle que estaba mal.

Debo quitarme los cascos. Quiero tener el pómulo apoyado contra el arma para visualizar mejor el punto de mira.
Apunto. Quito el seguro y recuerdo de nuevo que desconozco por completo el retroceso que va a tener el arma, ni el ruido que va a producir.

- Recuerde que como el retroceso le eche hacia atrás suspenderá el examen.
Gracias – Pienso – Es lo que necesito oír.

Primer disparo y se va fuera.
Un pitido taladra mi oído derecho. No se marchará hasta un par de días mas tarde.

Segundo disparo. Esquina inferior derecha.

No comprendo exactamente como pero consigo aprobar el examen.
No sin antes prometerle al guardia civil que practicaría puntería antes de salir de caza.

Bueno. No tengo intención de matar nada que no me vaya a comer, así que por el momento podía darme por satisfecho.

10 DE AGOSTO

Sorprendentemente aceptó mi invitación a tomar algo.
Y luego aceptó mi sugerencia de ir juntos al cine, aunque nunca quedo confirmada una fecha.

Por eso había intentado quedar para el viernes 10, aprovechando como excusa que era el día en que hacia los 22 años.
Pero finalmente me dijo que ese día no podría ser.

Así que con mis planes por tierra y mis amigos desperdigados por ahí tenia la labor de ocupar un día que se prometía feliz.

Estuve pensando en que podría hacer. Y me acordé que entre mis planes estaba el aprender a montar en moto.
No obstante, creí más prudente aprender antes a montar en bicicleta, para irme acostumbrando al equilibrio velocidades más manejables.

Las bicicletas no serian un problema gracias al servicio municipal de préstamo durante el verano.
No obstante persistía el problema de que mis amigos más cercanos no estaban disponibles.

Finalmente terminé siendo instruido por un conocido del gimnasio, el cual cuando se pone nervioso tartamudea hasta hacer casi incomprensible lo que dice. Ideal para dar clases.

17 DE AGOSTO

¿Que ser vicepresidente de la escalera no te había dado que ocuparte?
Eso seria porque vives fuera y no querían molestarte. Ahora eras la presidente y prefieren incordiar al que vive aquí.
O sea yo.

Es curioso. Pero tanto los vecinos como mi madre y hermano asumen que de alguna forma mágica sé hacer todo lo que mi padre hacía.
¡Si yo solo había usado el destornillador en el ordenador!
Aunque bueno. Resulta que tampoco se me da tan mal.

Me encontraba en el patio interior del edificio, encaramado a la escalera a la altura del segundo piso, desmontando algunos faroles para cambiar las bombillas. Lloviznaba.
Había estado ya a punto de caerme de espaldas en un par de ocasiones.

Andaba pensando en si había cometido un error. En si me había estado evitando.
En si era justo la situación de aquel momento. Estar trabajando y a la espera cuando gente con menos talento y esfuerzo disfrutaban de posiciones más cómodas.

Bueno, y también pensaba en que había que ser cutre para dedicarse a robar bombillas.

Quiero ser rescatado y huir de este mundo.